“24. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

25. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

26. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

Mateo 16:24-26

En estos versículos que leemos hoy, encontramos las bases que estableció el Señor Jesús, para todos los que quieran seguirle, lo cual no es fácil, en otras ocasiones se nos dice que el camino es angosto, pero aquí específicamente encontramos tres condiciones que el Señor impone, la primera es: “niéguese a sí mismo”, o sea, tenemos que dejar en segundo plano nuestras intenciones e ideales, que aunque sean buenos, el Señor insiste en que no debemos seguir a “lo que nuestro corazón nos dicta”, como muchos piensan.

El segundo requisito es “tome su cruz”, o sea debemos morir, juntamente con Él, a nuestros deseos, a nuestros objetivos, a lo que nos aparta de Dios, si tomamos firmemente esta decisión, entonces estaremos preparados y conscientes para cumplir el tercer paso, y poder “seguirle”. Si intentamos seguirle sin considerar el negarnos a nosotros mismos, o sin querer tomar nuestra cruz cada día, entonces no podremos seguirle, pues el peso de nuestra carga nos impedirá avanzar, y solo aparentaremos seguir a Jesús.

En los versículos 25 y 26, Jesús explica acerca de las consecuencias para lo que decidamos hacer, y nos aclara que lo que Dios nos ofrece siempre será lo mejor para nosotros y nuestro futuro, además nos enseña lo vano e infructuoso que es el tratar de agradar y ganar al mundo, pero perder nuestra alma, pues nada de lo que nosotros hagamos nos podrá salvar. Por lo cual, esfuérzate y sé valiente, que el Señor está con nosotros y nos ayuda a vencer y a seguir adelante.

Pr. Herman Gajardo P.