“3. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,

4. el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.

5. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.”

2 Corintios 1:3-5

Que agradable es leer estas palabras en este tiempo difícil que estamos viviendo. Hay en el ambiente un temor a lo que viene, aún después de esta pandemia, acá en Chile está en pausa un movimiento de descontento político social que con seguridad se volverá a activar y los desmanes y llamados a la desobediencia civil tendremos que enfrentar y soportar debido a los daños colaterales que todo esto conlleva.

Una cosa, tras otra, lamentablemente nada bueno se vislumbra en nuestro futuro, es difícil prever que los gobiernos de turno puedan tener alguna solución definitiva. Todo esto nos lleva a pensar seriamente que no existe nada en quien nos podamos aferrar. Nuestra única esperanza se llama Jesucristo.

En medio de cualquier tribulación Dios siempre estará con nosotros para cobijarnos y consolarnos. No podemos desmayar, si nuestra confianza está puesta en manos del Señor, entonces tenemos la seguridad que en Él siempre estaremos seguros.

Necesitamos a Dios con nosotros, necesitamos de su compañía, necesitamos seguir sus direccionamientos, necesitamos de su ayuda para seguir adelante, necesitamos ser fortalecidos por Él y estar firmes, para poder ayudar a otros, para ser referentes de su gloria, para ser luz en medio de las tinieblas, para ser un cauce de bendición a quienes nos rodean, nuestra familia, nuestras amistades, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo.

Pr. Herman Gajardo P.