“14. He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; Mi corazón fue como cera, Derritiéndose en medio de mis entrañas.

15. Como un tiesto se secó mi vigor, Y mi lengua se pegó a mi paladar, Y me has puesto en el polvo de la muerte.

16. Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies.

17. Contar puedo todos mis huesos; Entre tanto, ellos me miran y me observan.

18. Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes.”

Salmo 22:14-18


David en este Salmo profetiza certeramente acerca del sufrimiento de Jesucristo en la cruz del calvario, el mismo niño que todo el mundo, creyentes y no creyentes, recuerdan en estos días su nacimiento, es aquel que vino a cumplir un propósito específico al venir a estar entre nosotros, fue un corto tiempo, a los 33 años de edad muere inmolado en una cruz, cumpliendo cada una de las profecías escritas acerca de Él en las escrituras.


Quizás para muchas personas estas fechas de Navidad sean de alegría porque une a la familia en una cena, porque puede hacer algún regalo a un ser querido, porque es un día de recogimiento, para otros es simplemente una fecha de gastos y gastos, para otros es una fecha de los niños, porque hay que darles algún regalo, y que ningún niño se quede sin regalo, y lo que publicistas y comerciantes han asumido es solo una buena fecha para generar recursos financieros, y el nacimiento del Salvador del mundo ha pasado a ser algo totalmente secundario.


Que no se nos olvide, que esta fecha de Navidad es porque Dios mismo determinó venir a vivir entre nosotros y ser como uno de nosotros, Él dejó su trono celestial, Él dejó su corona de Rey, y se hizo hombre, y se humilló hasta lo sumo, solo por amor a ti, y por amor a mi...


Pr. Herman Gajardo P.