“2. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.
3. Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.
4. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.”
1 Juan 5:2-4
El apóstol Juan, inspirado por el Espíritu Santo, aquí nos enseña y nos aclara, que la manera en que usted y yo podemos conocer que realmente amamos a nuestro prójimo, es cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos, pues podemos fácilmente adoptar una forma de vida cristiana, diciendo que amamos a nuestros hermanos, pero no se trata de solo decirlo, sino de hacerlo y demostrarlo, pues puede transformarse en solo un pensamiento y no una realidad en nuestra vida, y la única manera de amar a nuestros hermanos es amando a Dios, y esto conlleva obedecer y cumplir sus mandamientos.
El versículo 3 nos ratifica este concepto, al decir: “Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos”, pues si decimos amar a Dios y no obedecemos lo que su Palabra nos enseña, entonces obviamente algo no está bien en nosotros, y nos estamos engañando a nosotros mismos, pero el versículo 3 termina diciéndonos que “sus mandamientos no son gravosos”, así que no podemos decir que es muy difícil obedecer y poner en práctica sus enseñanzas, sus preceptos, y sus mandamientos, porque estos “no son gravosos”.
Luego, en el versículo 4, leemos algo muy glorioso: “todo lo que es nacido de Dios vence al mundo”, tremendo, maravilloso, pues nos está diciendo que si hemos nacido de Dios, vencemos al mundo..!!, o sea los engaños, las tentaciones, todo lo que el mundo usa para atraernos hacia él, lo podemos vencer, por lo tanto, “todo lo que es nacido de Dios”, los que hemos determinado negarnos a nosotros mismos, los que hemos decidido seguir a Cristo, los que hemos nacido de nuevo, ¡¡somos vencedores..!!, “y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”, amén, gloria a Dios, se trata de activar la fe que Dios nos ha dado y con ella, con Cristo en nosotros, ¡¡somos más que vencedores..!! Bendito sea nuestro gran Dios.
Pr. Herman Gajardo P.


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