“43. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.
44. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
45. No penséis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza.
46. Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
47. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”
Juan 5:43-47
Hay un problema que afecta a la mayoría de nosotros, pues muchos han decidido no creer en los preceptos y mandamientos de las sagradas escrituras, pero hay otros que sí hemos optado por creer en Dios y obedecer a su Palabra, lo cual produce en nosotros un deseo de agradar a Dios con nuestra vida y procuramos ser fieles y evitamos caer en las artimañas del enemigo, el cual procura apartarnos de Dios y de su propósito al crearnos. Pero, en el párrafo bíblico que leemos hoy nos damos cuenta que existen personas que dicen creer en Dios, leen su Palabra, pero sus acciones no reflejan a Dios en sus vidas y procuran simplemente agradar a la opinión de los demás, les gusta ser exitistas y se esfuerzan en ser reconocidos.
Lamentablemente este tipo de personas son proclives a sólo guiarse por lo que ellos entienden de las escrituras, no las escudriñan, se quedan solo con conceptos que le son agradables a ellos y dicen estar bien, y han puesto su esperanza en la ley mosaica, pero Jesús confrontó a los religiosos de su tiempo, que creían en Moisés pero no creían en Él, considerando que Moisés escribió de Él, y esto ocurrió porque al no escudriñar y no entender las escrituras, no vieron a Jesús en los escritos de Moisés, y al seguir en esa postura era muy difícil para ellos creer en Jesús y en su evangelio.
Es triste saber que hoy, en los tiempos que estamos viviendo, aún haya muchas personas que dicen ser creyentes, pero no creen ni obedecen a Jesús, muchos se autodenominan cristianos, o sea como Cristo, pero no hacen lo que Jesucristo nos manó a hacer, muchos no han dejado a sus otros dioses, como sus creencias y filosofías personales, o enfocarse solo en la ayuda social, y no aman como el Señor nos enseñó a amar, incluyendo el amar a nuestros enemigos, o a perdonar a quienes nos ofenden, y se guían más bien por las tendencias del mundo, y no por lo que está establecido en la Biblia, y viven su vida a su manera, y se jactan de ello. Dios tenga misericordia de ellos y de nosotros y nos haga entender su gloriosa verdad.
Pr. Herman Gajardo P.


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