Mientras haya ministros del altar admirando lo que hace el mundo, basándose en sus métodos, imitando sus talentos, cantando sus canciones, vibrando con sus éxitos, esperando el aplauso y reconocimiento por su cometido, Dios se alejará cada vez más de nuestros cultos, no escuchará lo que con devoción cantemos, ni se inmutará con nuestras esforzadas lágrimas.

Dios no enviará su fuego a un altar donde Él no sea el único objetivo de su alabanza.
Dios no se manifestará en un altar donde lo principal sea darle buen confort y un buen espectáculo a la "audiencia".
Dios no estará en un altar donde los ministros no estén consagrados, no estén santificados ni estén a su servicio exclusivo.
Dios sigue siendo el mismo, Él sigue oyendo solo a los íntegros, Él sigue esperando corazones contritos y humillados, Dios sigue buscando adoradores, que le adoren en espíritu y en verdad...
Únete a la última y verdadera generación de Adoradores... deja el mundo y sigue a Cristo... niégate a tí mismo, a tus gustos y a tus buenas intenciones... toma tu cruz cada día, conságrate al Señor, santifícate y entonces... sírvele...!!


(Escrito por Pr. Herman Gajardo P. en Julio 2017)