“2. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

3. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.”

Hechos 13:2-3

La Iglesia naciente se estaba organizando, primero y vital era el congregarse para ser discipulados, y así aprender la doctrina del evangelio de Jesucristo. En el caso de los versículos que leemos hoy, esto sucede en la Iglesia, o congregación, que se encontraba en Antioquía, donde vemos que todos estaban “ministrando al Señor”, o sea estaban sirviendo al Señor, con los dones y talentos recibidos, de hecho se nombran a profetas y maestros, pero aparte del servicio, de las actividades, ellos ayunaban, o sea se preparaban íntimamente con Dios, para recibir las instrucciones que el Espíritu Santo les indicara, y eso es precisamente lo que nosotros hoy debemos seguir haciendo, congregándonos, para ser discipulados, y recibir las instrucciones de Dios para nuestras vidas.

En el versículo 2, leemos: “…dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”, es Dios mismo el interesado en cumplir su propósito en nosotros (Salmo 138:8), y lo hará. En el versículo 3, leemos: “Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron”, el ayuno y la oración constante debe ser nuestro patrón de vida, no podemos obviar nuestro relacionamiento personal con el Señor. Dios no bendiga en este tiempo y que estemos dispuestos a cumplir su voluntad.

Pr. Herman Gajardo P.