“20. Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. 21. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. 22. ¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido.”
Hechos 21:20-22
El resultado del esfuerzo de Pablo, y de quienes le acompañaban en la gloriosa y esforzada labor de la predicación del evangelio, trajo excelentes resultados, es como recordar aquel Salmo que dice: “Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas” (Salmo 126:6), anunciando proféticamente la difícil labor del sembrador de la Palabra del evangelio de Jesucristo. En el versículo 20, que leemos hoy, dice que: “millares de judíos habían creído”, Gloria a Dios..! pero, eran judíos apegados a la ley mosaica, y estaban dispuestos a continuar cumpliendo con todos los rituales establecidos en la ley, o sea, creyeron que Jesús era el Cristo, pero no querían dejar de hacer las costumbres de sus ancestros.
Si ahora estamos en Cristo, no es necesario el circuncidarse, pues la verdadera circuncisión es aquella del corazón, que logró Jesús con su muerte en la cruz, pero ellos aún no lo entendían, al igual que hoy, en que hay muchos que dicen creer en Jesús y en el evangelio, pero no se han apartado de esas costumbres que Dios rechaza, según nos enseña su Palabra.
Pr. Herman Gajardo P.


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