“23. Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
24. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.
25. Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
27. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
Juan 14:23-27
Hablar de paz es algo que todos anhelan, todos queremos siempre estar en paz, con Dios, con nuestro prójimo, y con nosotros mismos. En medio del adversidad, anhelamos encontrar paz, en nuestro diario vivir, necesitamos la paz, en nuestra familia y seres queridos, todos queremos que haya paz, incluso estamos dispuestos a negociar y hasta pelear con tal de lograr la tan ansiada paz en medio nuestro.
Jesús sabía de todas nuestras necesidades, sean físicas, emocionales o espirituales, y por amor a nosotros se mostró como el Príncipe de Paz, de manera de conocerle en una faceta divina que nuestro ser entero necesita y anhela conocer. Jesús nos enseñó a amar y a amarle, solo así podríamos entender sus Palabras y Principios, y se comprometió a enviarnos al Espíritu Santo para que nos enseñara lo que no entendiéramos, y además estuviera siempre con nosotros.
Hoy necesitamos paz, en medio de este mundo convulsionado, violento, y errante. Y las palabras de Jesús siguen vigentes: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”, sí Señor, solo en ti esperamos.
Pr. Herman Gajardo P.


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