“5. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.”
Salmo 23:5
Al seguir leyendo este hermoso Salmo, escrito por David, nos damos cuenta de la grandeza y maravilloso amor de Dios para con nosotros, pues vemos su cuidado y provisión para cada una de nuestras necesidades, ya sean físicas o espirituales, todas las cuales Él conoce, y nos anima a seguir confiando en sus promesas. El versículo comienza diciéndonos: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores”, o sea, Él nos prepara de su bendición, de manera que nunca nos falte de su sustento, para que nuestros enemigos, aquellos que quieren nuestro mal, aquellos burladores, se den cuenta de que Dios es y seguirá siendo nuestra provisión (Isaías 46:4).
Luego, el mismo versículo, termina diciendo: “Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”, y esto, pues es Dios quien nos unge con el aceite de su Espíritu Santo, llenando nuestras vidas, de su maravillosa Presencia, de su santa voluntad, de su gran propósito, por lo cual, David lo dijo, y usted y yo también podemos decir que nuestra copa está rebosando, rebalsando, fluyendo desde dentro de nosotros, tal como Jesús lo dijo: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). Te invito a depender física, emocional y espiritualmente solo de Dios. Él espera por ti.
Pr. Herman Gajardo P.


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