“5. Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos.
6. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.
7. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
8. Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová.”
Hageo 1:5-8
La Palabra de hoy es un alerta, un llamado de atención, a hacernos una evaluación de nuestro cometido, de lo que hacemos, de cómo lo hacemos, de los pasos que estamos dando, de nuestros planes y proyectos, de nuestros ministerios, de nuestras responsabilidades, en todas las áreas de nuestra vida, como personas, como cónyuges, como empleados, dependientes o independientes, como miembros de una familia, de un vecindario, o de una congregación… Dios mismo nos está diciendo que meditemos en nuestros caminos.
El versículo 6 desnuda nuestra realidad al decirnos: “Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto”, y así es nuestra realidad, y esto es porque hemos perdido el enfoque de nuestra vida, y le damos mucha más importancia a los quehaceres diarios, a lo que el mundo nos empuja a hacer, a preocuparnos de lo que la modernidad nos exige, pero no logramos el éxito ni alcanzamos nuestros sueños.
Es hora de entender nuestro deber y responsabilidad como hijos de Dios, y preocuparnos de agradar al Señor, de lo contrario perderemos nuestra vida y una eterna agonía nos espera… lejos de Dios nada podremos hacer, por eso es imperativo obedecer lo que su Palabra nos dice: “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado”, subir al monte es ir hasta su Presencia, en oración, en adoración, en integridad, y Él nos dará las directrices de lo que tenemos que hacer, y reedifiquemos su casa, su Iglesia, su cuerpo, y todos unidos ser la Iglesia que Cristo viene a buscar, limpia y sin mancha.
Pr. Herman Gajardo P.



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