“7. Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.

8. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día.

9. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.”

Jeremías 20:7-9

El profeta Jeremías es un tremendo ejemplo de vida para nosotros. Dios permitió que Jeremías enfrentara una serie de dificultades en un tiempo en que el pueblo estaba totalmente desanimado y bajo opresión por causa de la cautividad. A través de las experiencias de Jeremías podemos sacar ejemplo de lo que sucede en nuestra relación con Dios en tiempos muy complicados y difíciles.

En el párrafo leído podemos darnos cuenta de un reclamo que intenta hacer el profeta, exponiendo delante del Señor sus puntos de vista frente al cometido asignado por Dios y las dificultades para llevarlo a cabo, tanto que su opción era dejarlo todo de lado, de tal manera que el Señor entendiera y comprendiera su situación, sin embargo, leemos que Jeremías admite ser seducido por el Señor, lo cual hace cambiar totalmente su perspectiva, y ya no le importan las burlas de sus congéneres frente al mensaje profético que intenta entregar.

El versículo 9 describe que incluso

había determinado “no acordarse más de Él ni hablar más en su Nombre...” pero, pero no obstante, “había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.” ¡¡Que tremendo..!! Que maravilloso es entender como la Presencia del Señor inunda de tal forma nuestro ser y ninguna excusa es válida ante la exuberante y arrasante unción dentro de nosotros.

Animémonos unos a otros con esta Palabra, pues a pesar de lo que podamos estar experimentando, el Señor está “metido en nuestros huesos” fortaleciéndonos, seduciéndonos, y capacitándonos para cumplir su propósito en cada uno de nosotros.

Pr. Herman Gajardo P.