“5. Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.

6. Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles.”

Hechos 18:5-6

El apóstol Pablo seguía predicando en la ciudad de Corinto, hasta que un día llegaron Silas y Timoteo desde Macedonia, para unirse a él y continuar pregonando las buenas nuevas de salvación. El versículo 5, que leemos hoy, termina con la siguiente declaración: “Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo”, a Pablo no le importaba si estaba solo o acompañado, para él lo importante era ser un cauce de bendición, para que muchos judíos en ese lugar, pudieran conocer a Jesucristo como Señor, y persistía cada día en ello.

Lamentablemente, como sigue sucediendo hoy, nuestra predicación no agrada a muchos, debido a que persisten en seguir así como están, y oponiéndose, llegan incluso a blasfemar de cosas que no saben, por lo cual, el apóstol Pablo, hartándose de tratar de convencer a quien no quiere escuchar, les dice: “Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles” (vv 6), o sea, “yo siendo judío, he entendido la verdad de Jesucristo, y he sido limpio de mis pecados, por lo tanto, allá ustedes, culpables de su muerte, pero yo, iré a predicar su evangelio a los no judíos, a los extranjeros, pues Jesús es Salvador para todo el mundo, y por todas las generaciones“.

Pr. Herman Gajardo P.