“33. Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas;
34. Quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce.”
Salmo 18:33-34
En estos versículos que leemos hoy, el salmista David nos enseña las gratas consecuencias de dejar nuestra vida en manos del Señor, pues Dios es el único que le da sentido a nuestra vida, su Presencia en nosotros trae alegría, gozo, estabilidad, direccionamiento, sustento, su Espíritu Santo nos da poder para ser sus testigos, sus ministros, sus siervos, de manera que no importando la adversidad, seamos capaces de dejar que Dios cumpla su propósito a través de nosotros. David escribe con total conocimiento de causa, pues él había experimentado una y otra vez, incluso desde niño, lo sobrenatural de Dios, pues había puesto su confianza solo en Él, y tenía la certeza que Dios nunca le fallaría.
En el versículo 33, David escribe que Dios “hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas”, enfatizando que su fuerza venía del Señor. Luego, en el versículo 34, agrega que Dios es quien: “adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce”, entesar es poder doblar el arco de madera revestido en bronce, para darle una mayor tensión al lanzamiento de una flecha, para hacerlo se debía tener fuerza, David confiaba en que Dios le daría esa fuerza, la misma fuerza que hoy Dios nos da a nosotros, para seguir adelante de victoria en victoria.
Pr. Herman Gajardo P.


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