“1. Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos:

2. Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

3. Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros,”

Filipenses 1:1-3

Hoy comenzaremos a estudiar la carta de Pablo a la Iglesia en Filipos. En el versículo 1, leemos que la carta la escribe junto con Timoteo, y los dos saludan a los hermanos, a los obispos y a los diáconos de esa congregación, con esto, nos damos cuenta de inmediato acerca del respeto y reconocimiento que hacen Pablo y Timoteo a las autoridades locales, pues saben y están conscientes de la labor que ejerce el liderazgo en una iglesia local. Buen punto para tener en cuenta en nuestros días, y respetar a quienes Dios ha permitido que estén en autoridad, especialmente en nuestras congregaciones. Después de identificarlos, en el versículo 2, saludan deseando “gracia y paz”, de parte de Dios, y de su hijo Jesucristo, para cada uno de los hermanos. Este es un saludo que hoy lo consideramos vigente para cada uno de nosotros.

Luego, en el versículo 3, leemos: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros”, con esta frase, Pablo declara su amor para con ellos y les comenta que en su oración están presentes en su recuerdo y da gracias a Dios por ellos. Es interesante esto que hace el apóstol, pues es una excelente enseñanza para nosotros hoy, de agradecer a Dios por nuestros hermanos de otras congregaciones, pues todos somos hermanos, somos parte integrante del cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Pr. Herman Gajardo P.