“1. Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.
2. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”
Isaías 9:1-2
Sin duda alguna, este pasaje es uno de los más emblemáticos al hablar de las profecías acerca de nuestro Señor Jesucristo, el profeta Isaías tuvo el privilegio de recibir directamente de Dios las instrucciones de lo que iba a acontecer y lo deja por escrito.
La oscuridad reinante en ese tiempo, era representativa del aspecto social y político que estaba viviendo y experimentando el pueblo de Israel, por lo cual Dios le revela a Isaías que la oscuridad llegaría su fin pues se estaba gestando el maravilloso plan de Dios para nuestra alicaída humanidad, la luz gloriosa vendría a hacer retroceder toda oscuridad, pues Jesús, el Salvador, venía a iluminar nuestras vidas.
Y un día de oscuridad, bajo el dominio del imperio Romano, Jesús nace en un humilde pesebre, y a Él no le importó, Él no puso condiciones, Él venía a buscar y a salvar lo que se había perdido, a ti y a mi. Jesús sabía quién era Él, era el Gran Yo Soy viviendo entre nosotros, Él tenía un propósito definido, Él venía a rescatarnos de la muerte y a darnos vida eterna. Maravilloso Salvador.
La oscuridad en que vivimos hoy, no es diferente a la descrita por Isaías, pero Jesús ya cumplió su cometido, Él vino, murió en nuestro lugar, y resucitó al tercer día, y Dios le dió un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesucristo se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor..!!
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.