“2. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”

Isaías 9:2

En este versículo que leemos hoy, el profeta Isaías, nos sigue hablando de lo que sucedería cuando el Mesías se manifestara, para Isaías, y para su coterráneos era solo una promesa, una hermosa esperanza de libertad y salvación que el Espíritu Santo les revelaba, el versículo comienza diciéndonos: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz”, los Israelitas tenían el pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia, escritos por Moisés, y para los estudiosos de la Palabra escrita, ellos no se consideraban neófitos, no se consideraban que estaban en tinieblas, pues asumían que el conocer las escrituras y hasta memorizarlas, les hacía a ellos conocedores de Dios y de sus mandamientos y preceptos, pero lo que Isaías escribe aquí es que algo faltaba, algo no estaba bien en sus conceptos, Dios les hace ver que “estaban en tinieblas”, pues aún no habían visto la luz verdadera, la que realmente alumbraría a la humanidad.

Jesús es la luz del mundo, hoy lo sabemos, las tinieblas se han disipado y Jesús, el hijo de Dios, hoy brilla en nosotros, lo profetizado por Isaías: “los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”, se ha cumplido a cabalidad con la gloriosa manifestación de Jesucristo entre nosotros, si el fin de los pecadores era la muerte, y si debido al pecado que mora en nosotros somos merecedores de la muerte eterna, hoy, gracias al regalo de Dios, de darnos a su hijo, para morir en nuestro lugar, entonces la luz gloriosa comienza a resplandecer sobre nosotros, pues Jesús vino a vencer a la muerte que nos acechaba, y si creemos en Él y en su muerte por nosotros, entonces Dios nos da la vida eterna, y así estaremos para siempre con el Señor.

Pr. Herman Gajardo P.