“1. Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos,

2. resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos.”

Hechos 4:1-2

Mientras el apóstol Pedro comenzaba a cumplir su ministerio de dar a conocer el evangelio de Jesucristo, en esta ocasión que leemos hoy, y junto al apóstol Juan, aprovechando el gentío que se había reunido por causa de la sobrenatural sanidad de un cojo que pedía limosnas en una de las puertas del Templo allí en Jerusalén, la conmoción causada por este evento atrajo la atención de todos, incluyendo a los fariseos, saduceos, y sacerdotes de ese tiempo, y el versículo 1 nos dice: “Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos”, literalmente dice que “vinieron sobre ellos”, dando a entender que querían acallarlos, pues la predicación de los apóstoles los dejaba al descubierto en relación a su nulo conocimiento del Mesías que esperaban y que ahora se daban cuenta que era Jesús, a quien habían matado, y con lo cual querían conseguir que se terminara toda la revolución que Jesús había comenzado con sus enseñanzas.

El versículo 2, nos dice abierta y tajantemente: “resentidos de que enseñasen al pueblo”, o sea, indignados que lo que quisieron acallar ahora se había multiplicado en cada uno de sus seguidores, pues la muerte de Jesús fue solo el inicio de algo glorioso, considerando que su resurrección al tercer día fue apoteósico, maravilloso, y todos los discípulos comenzaron a hablar de ello. El versículo 2 termina diciendo: “y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos”, o sea, el enojo era mayor al ver que se comenzase a predicar acerca de la resurrección, como dice la Palabra: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20), el poder del Espíritu Santo, que levantó a Jesús de entre los muertos, nos levantará también a nosotros, y a todos quienes crean que Jesús es el Cristo, el hijo del Dios viviente.

Pr. Herman Gajardo P.