“29. Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.”

Juan 20:29

Jesús se les aparece por segunda vez a sus discípulos, ellos estaban a puertas cerradas en una casa, por temor a los judíos, pero Jesús irrumpe nuevamente entre ellos, y de inmediato se dirige a Tomás, el cual no había estado presente cuando Jesús les había visitado por primera vez después de su resurrección, y de inmediato le reprocha su incredulidad, pues los discípulos le contaron que Jesús les había visitado pero él no les creyó, incluso acuñó una frase que hasta el día de hoy muchos usan para justificar su incredulidad: “ver para creer”, pero Jesús lo encara y le dice: “Porque me has visto, Tomás, creíste”, y al igual que Tomás, hoy en día existen muchos que tienen ese espíritu de incredulidad, y para ellos, el ver para cerciorarse de algo, es algo que no cambian como su estilo de vida, y desconfían de todo y de todos, tanto que, hasta la Biblia, que es la Palabra de Dios, y la cual es infalible, para ellos solo es un compendio de la historia del pueblo de Israel, la cual debe siempre comprobarse antes de creer en ella.

“Porque me has visto, Tomás, creíste”, aún resuena en el aire, pero la incredulidad es una prisión cerrada por dentro, la cual sólo debe enfrentarse creyendo, activando la fe, que Dios nos ha dado a cada uno, y solo así se pueden romper los paradigmas personales que aprisionan a quienes necesitan libertad. Luego, Jesús agregó la siguiente frase: “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”, felices los que creen, sin esperar a ver..!! Solo debemos creer, y lo imposible será una realidad, los enfermos sanarán, la incredulidad se romperá, y veremos la gloria de Dios actuar.

Pr. Herman Gajardo P.