“3. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro.

4. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro.

5. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró.

6. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,

7. y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.”

Juan 20:3-7

Pedro y Juan, al escuchar a María Magdalena, dejan de lado todo lo que estaban haciendo, y corren al sepulcro para comprobar lo que acaban de oír. Los dos corrían juntos, pero Juan llega primero, y vió los lienzos puestos allí, pero no entra al sepulcro. Su corazón latía apresuradamente, primero debido al esfuerzo de haber corrido y ahora más aún, multiplicado con lo que ve en el sepulcro. Y no se atreve a entrar. ¿Qué está sucediendo? se pregunta, cegado por la impresión.

Luego llega Pedro, y como sabemos era muy impulsivo, y entra de inmediato al sepulcro, y ve los lienzos con los cuales habían envuelto el cuerpo de Jesús. Lo importante y trascendente de esta situación, es que los lienzos estaban doblados, no tirados en el sepulcro y eso tenía una significancia suprema. Para entenderlo es necesario saber que era costumbre entre los judíos que cuando el amo comía en su mesa, el siervo esperaba alejado y sin mirar de frente al amo, y cuando el amo salía, el siervo veía de qué manera el amo había dejado el lienzo utilizado al comer, si lo dejaba enrollado y hecho una bola en la mesa, era porque había terminado de comer, pero si dejaba el lienzo doblado sobre la mesa, significaba que no había terminado aún y que volvería… Eso quiere decir que Jesús dejó los lienzos doblados porque un día ¡¡Volvería!!. Amén. Vuelve Jesús, esperamos tu regreso… pero, ¿y el sudario?, este estaba enrollado aparte, eso nos dice que su sacrificio ya había concluido totalmente. Maravilloso Jesús.

Pr. Herman Gajardo P.