“6. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;”
Hechos 4:6-7
La llegada del Espíritu Santo para estar para siempre con nosotros, los que conformamos la Iglesia del Señor, comenzó dando poder y autoridad a los apóstoles y a los seguidores de Jesucristo, quienes comprobaron la veracidad de la maravillosa promesa que Dios hizo a su creación, y hasta el día de hoy seguimos siendo fortalecidos por el mismo poder que recibieron esos ciento veinte en aquel aposento alto. En los versículos que leemos hoy, vemos a Pedro empoderado de aquello que había recibido, se encuentra con un cojo que pedía limosnas en la puerta del Templo, todos conocían a este cojo, quizás él mismo también sabía de Jesús, pues había oído hablar de Él, sabía de los milagros que había hecho, pero él no tuvo la oportunidad de pedirle que lo sanara, y ahora, seguía ahí pidiendo limosnas, quizás como muchos hoy, que siguen viviendo su vida de manera paupérrima, esperando y conformándose con migajas, pero el poder de Dios en quienes hemos creído en Jesucristo, permanece aún en nuestras vidas, para declarar sanidad en los enfermos, para hacer prodigios y señales en su Nombre. El glorioso Espíritu Santo está en nosotros, mostrándonos a Jesús, y enseñándonos de su gran poder. Procura tú conocer a Jesús, mientras su gracia está disponible.
Pr. Herman Gajardo P.


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