“1. Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.
2. Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.
3. Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado.
4. Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.
5. Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.”
1 Reyes 19:1-5
El párrafo bíblico que hoy leímos nos narra un momento crucial en la vida del profeta Elías, pues después de haber hecho tremendas maravillas delante del rey y de todo el pueblo, por lo cual fue reconocido como un verdadero profeta de Dios, y de pronto, debido a una amenaza de Jezabel, la esposa del rey Acab, Elías cae en un desánimo, y el temor a ser asesinado lo perturba y cae en depresión.
A veces pensamos que porque Dios nos usa, y nosotros nos hacemos de un nombre, un reconocimiento, una fama por lo logrado, eso nos va a ayudar a estar siempre firmes, pero el enemigo espiritual que nos acecha, está constantemente lanzando dardos en nuestra contra, hasta que un día, un zarpazo nos llega y nos afecta anímicamente, y nos hace perder nuestra fuerza, y el desánimo llega, y bajamos las defensas, las físicas y las espirituales, es entonces cuando solamente Dios puede hacer algo, y oramos, y clamamos, y gemimos, y lloramos... entonces el Señor viene en nuestro socorro, y envía ángeles si es necesario, y su palabra es el aliento que precisamos, y escuchamos esa voz fuerte, y dulce, que nos saca del letargo: “¡¡Levántate, come!!... debes seguir adelante.”
Maravilloso Dios, que está al pendiente de todos nuestros pasos, de nuestros esfuerzos, de nuestro empeño, de nuestras frustraciones, y nunca nos deja solos, siempre está ahí conmigo, contigo... no te desalientes...
Pr. Herman Gajardo P.


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