“10. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

11. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?

12. Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.”

Santiago 3:10-12

Es interesante darse cuenta, al leer estos versículos de hoy, que a pesar de que Dios conoce las intenciones de nuestro corazón, y que muchas veces nuestra lengua, nuestro hablar, no lo expone, principalmente para no dar a conocer cómo realmente somos, o lo que de verdad estamos pensando, pues somos cambiantes, nos cuesta ser íntegros, tendemos a ser de doble ánimo, y eso es lo que nuestra lengua delata, pues hablamos apresuradamente y no necesariamente decimos lo que estamos pensando, y a pesar de cómo somos, Dios lo sabe, y nos ama, y tuvo misericordia de nosotros, y nos envió un Salvador, para limpiarnos de toda maldad, de esa maldad que emana de nuestra naturaleza pecaminosa, la cual nos hace hablar bendiciones, pero también maldiciones, y obviamente, esto no debe ser así, por lo cual necesitamos a Dios en nosotros, necesitamos ser guiados por Él.

Los versículos 11 y 12, nos dicen que una fuente, por la misma abertura no vierte agua dulce y amarga, ni la higuera puede producir aceitunas, por lo cual nuestra boca no fue diseñada por Dios para hablar cosas buenas y cosas malas, Dios nos creó perfectos, de hecho cuando Él terminó de crear todo, en Génesis 1:31 dice: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”, pero el pecado entró a través del engaño de una serpiente que usó Satanás, y Adán y Eva, perdieron la íntima comunión con Dios, y fueron expulsados de Edén, y toda su descendencia quedamos fuera de su cobertura, y el pecado nos corrompió, nos ensució, y nos lleva a la muerte eterna, pero Dios envió a Jesús a interceder por nosotros y a través de su muerte nos dió la posibilidad de tener su vida eterna. Solo Dios puede cambiar nuestro corazón y darnos la opción de nosotros poder dominar nuestra lengua.

Pr. Herman Gajardo P.