“1. Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones,
2. desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,
3. si es que habéis gustado la benignidad del Señor.”
1 Pedro 2:1-3
Qué tremendas y certeras son estas enseñanzas del apóstol Pedro, pues al leerlas nos damos cuenta que los actuales problemas y acechanzas que tenían los primeros cristianos, son los mismos que nos aquejan hoy en pleno siglo 21, y esto, pues el enemigo no ha cambiado de tácticas y las sigue usando para tentarnos, por lo mismo, Pedro escribe con mucha vehemencia y autoridad: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones”, dándonos a entender que somos nosotros los que debemos dejar de lado todas esas situaciones pecaminosas, de las cuales Jesús nos libró al morir por nosotros en la cruz, ahora lo que nosotros tenemos que hacer es determinar alejarnos de esas cosas y desecharlas totalmente.
Luego dice que debemos anhelar las cosas espirituales de la misma manera que un bebé desea tomar leche para alimentarse, o sea, debe activarse en nosotros esa sed y esa hambre de alimentarnos de la Palabra del Señor, la cual es vital para nuestro crecimiento espiritual, y de esa manera nos sentiremos cobijados y seguros de la benignidad del Señor en nuestra vida.
Pr. Herman Gajardo P.


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