“31. Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. 32. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. 33. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.”

Juan 19:31-34

Jesús muere un día viernes, el día siguiente sería un sábado muy especial para los judíos, pues celebraban la pascua, esto en recuerdo del día en que Dios los sacó de la esclavitud en Egipto, era un día de reposo de gran solemnidad, y los judíos le ruegan a Pilato que les quiebre las piernas a los crucificados, a fin de que mueran más rápido y poder bajarlos de la cruz, para que no queden colgados en el día de reposo.

En el versículo siguiente se especifica que los soldados le quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Él, pero al llegar a Jesús le vieron ya muerto y no fue necesario que le quebrasen las piernas, “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”, este sistema de enterrarle una lanza a los crucificados era para asegurarse de que estuvieran muertos, para que se cumpliera la sentencia de muerte decretada para los crucificados.

Los soldados ignoraban que ellos estaban cumpliendo el plan de Dios para el Salvador enviado, pues las escrituras ya indicaban que “ningún hueso suyo sería quebrado” (Exodo 12:46), el hecho de la lanza en su costado lo podemos leer en Zacarías 12:10, donde dice: “y mirarán a mí, a quien traspasaron”, de manera que cada situación experimentada por Jesús, ya estaba profetizado en las escrituras, para que todos creyeran y se convencieran que Jesús es el Cristo, el Mesías anunciado en la ley y los profetas, que vino a “salvarnos del mal y librar nuestra alma”.

Pr. Herman Gajardo P.