“31. Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

32. y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

33. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34. Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

35. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre.

36. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”

Juan 8:31-36

En el párrafo bíblico que leemos hoy, Jesús estaba hablándoles a quienes ya habían creído en su predicación, y para que afirmaran sus pasos en el evangelio, les enfatiza lo primordial que es el permanecer en su Palabra, pues solo de esa forma “serán verdaderamente mis discípulos”, y esa enseñanza aún sigue vigente para nosotros hoy día, pues la importancia de permanecer apegados a su Palabra, es vital para considerarnos sus discípulos, de lo contrario solo seremos oidores de su Palabra, pero no hacedores.

En el versículo 32 dice: “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, haciéndoles ver que su Palabra nos indica los pasos a seguir para conocer la verdad, y esa verdad nos hará libres. En otra ocasión Jesús dijo, y con toda propiedad, “Yo Soy el Camino, la Verdad, y la Vida”, por lo cual entendemos que Jesús es la Verdad que debemos conocer, pues solo Él nos puede hacer libres.  Los judíos, al escuchar estas palabras, le dicen a Jesús que ellos no son esclavos de nadie, así que no entienden a qué se refiere con hacerlos libres, ante lo cual Jesús les dice que “todo el que comete pecado, esclavo es del pecado”.

Para que entendiesen lo que estaba enseñando, Jesús les pone como ejemplo que “el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre”, y remacha con la siguiente declaración: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Tremendo. Glorioso. Jesús es el hijo del dueño de casa, el hijo de Dios, el Creador de todo lo que existe, por lo cual, solo Él puede darnos la libertad que necesitamos, para ser libres del pecado, libres de la maldición del pecado, libres de la muerte eterna… sólo su sangre, derramada en la cruz del calvario, puede limpiar nuestros pecados, y puede darnos vida, y vida eterna, si creemos en Él.

Pr. Herman Gajardo P.