“16. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

17. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

18. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

Juan 10:16-18

Antes de ir a la cruz, Jesús pensó en ti, en mi, y en todo el resto de la humanidad, de ese tiempo, y de las generaciones futuras que vendríamos después, los judíos pensaban que el Mesías vendría para salvarlos solo a ellos, que hasta menospreciaban a las extranjeros, a los que no eran judíos, y les llamaban gentiles, sin esperanza de salvación, pero Jesús nos amó, de tal manera, que un día dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”… Bendito Redentor, Maravilloso Salvador..!!

Y además agrega que, por eso le ama el Padre “porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar”, Jesús revela que de Él depende su vida, y que Él es el que pone su vida, para ser flagelado, martirizado, golpeado, azotado, y crucificad, hasta la muerte… pero que también de Él depende el volverla a tomar..!! Y agrega con total autoridad: “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar”..!! Tremendo, Glorioso, Poderoso..!!

Qué tremenda declaración hace Jesús, y aún así, la mayoría de los oyentes, no le creyeron, y más aún, los fariseos lo trataban de hereje, de endemoniado… realmente sus ojos estaban cegados y no entendieron, no conocieron la visitación de Dios mismo entre nosotros, y como dice su Palabra: “y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5). Glorioso Jesucristo, Príncipe de Paz, Maravilloso Salvador, pues su salvación nos alcanzó hasta aquí, hasta los confines de la tierra.

Pr. Herman Gajardo P.