“7. Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas,

8. Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.

9. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra;

10. y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz.”

Jueces 6:7-10

Dios oye el clamor de su pueblo, y además Él sabe y conoce nuestra situación, pero algo de peso tenemos que aprender de estos versículos que leímos hoy, Dios en medio de nuestro clamor envía una respuesta, pero quizás no sea la que esperamos, pues debido a las circunstancias apremiantes que nos agobian sólo queremos salir de ellas, pero Dios siempre usará las adversidades para nuestro crecimiento y se preocupará de enseñarnos lo que es necesario que aprendamos.

Dios envía a alguien en su nombre, dice el relato, y nos recuerda lo grande y misericordioso que ha sido para con nosotros, y de cómo tantas veces nos ha librado de peligros y ha suplido nuestras necesidades, y nos anima diciéndonos “no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis”, con esto entendemos que aquí tendremos problemas, pero que no debemos temer... pero, al final del versículo 10 nos dice claramente algo importante: “pero no obedecisteis mi voz”...

El desobedecer a su voz, a sus mandatos, a sus mensajeros, a quienes Él envió para que volviésemos a sus caminos, a sus brazos, a depender de Él y no de nuestro esfuerzo o habilidades para subsistir, siempre traerá nefastas consecuencias en nuestras vidas... Dios se ha acercado a nosotros y espera nuestra reacción a sus bendiciones, a lo establecido en su Palabra, en obediencia y en confianza.

(Continuará) (1 de 6)

Pr. Herman Gajardo P.