“1. El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro.

2. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.”

Juan 20:1-2

En tiempos de Jesús, el primer día de la semana era el Domingo, era día de trabajo, el Sábado era el día de descanso, o Día de Reposo, y en ese día nadie trabajaba, ni siquiera en su propia casa, era un mandato de la ley mosaica, y se cumplía sagradamente, y fue en este día Domingo, muy temprano, que María Magdalena acude al sepulcro de Jesús, llevando consigo especies aromáticas para ungir el cuerpo de Jesús, que había sido sepultado apresuradamente el día Viernes anterior, pero se encuentra sorpresivamente con que la piedra que tapaba la entrada al sepulcro había sido quitada, además ella mira adentro, y a pesar que aún no amanecía del todo, se da cuenta con estupor que el cuerpo de Jesús no estaba.

María se asusta por la situación, y corre a avisarle a Pedro y a Juan y muy acongojada les dice: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”. María, al igual que todos los seguidores de Jesús, aún choqueada por la muerte de Jesús, no recuerda que Jesús les había dicho que al tercer día resucitaría, para ella lo que había pasado era simplemente otra maldad de los judíos o de los soldados que participaron en su muerte, María en su desesperación no se da cuenta que algo tremendamente glorioso había acontecido. Los soldados que había mandado Pilato, por petición de los sacerdotes judíos, habían huido despavoridos, ¿Qué había sucedido?… lo divino, maravilloso y sobrenatural de Jesús comenzaba a manifestarse…

Pr. Herman Gajardo P.