“7. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Filipenses 4:7

Es reconfortante saber que Dios, en su infinito amor, se preocupa de nosotros y al vernos inquietos, desorientados, o temerosos, entonces nos trae su paz, pues sabe que por mucho que nosotros intentemos mitigar nuestras situaciones difíciles o complicadas, no siempre podemos tranquilizarnos, pero, como Dios nos conoce, y sabe lo que necesitamos, interviene nuestros pasos, nuestros planes, nuestros proyectos, nuestras determinaciones, y en primer lugar nos enseña a acercarnos a Él, a dejar todos nuestros pesares en sus manos, de hecho, Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Jesús es nuestra paz. Jesús es el Príncipe de Paz (Isaías 9:6).

En el versículo que leemos hoy, el apóstol Pablo nos escribe: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”, Amén..!!, o sea, la paz de Dios, la manifestación explícita de quien es Él, es su hijo Jesucristo, el objeto de nuestra devoción, el que nos da la vida, el que sustenta nuestra existencia, aquel por el cual Pablo lo dejó todo, aquel que es mucho más de lo que lo hemos conocido hasta ahora, “guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”, o sea, tenemos que mantenernos siempre en Él, pues solo Él puede cuidarnos, protegernos, cubrirnos, y rodearnos, con su maravillosa y eterna paz.

Pr. Herman Gajardo P.