“11. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
12. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
13. Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
14. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
Mateo 18:11-14
El tremendo y maravilloso interés, que Dios demuestra para con nosotros, es enfatizado por Jesús, en estos versículos que leemos hoy, en los cuales el Señor declara abiertamente que Él vino “para salvar lo que se había perdido”, y que Él “no vino a condenar al mundo sino que el mundo sea salvo por Él” nos dice también en otra ocasión, y esto nos da la certeza, la seguridad que su evangelio es serio, es verdadero, y que todo lo que Él nos dice, se cumplirá.
En los versículos 12 y 13, Jesús ejemplifica este gran amor de Dios para con nosotros, con la historia de un hombre que tiene cien ovejas, y si se descarría una de ellas, deja a las noventa y nueve a resguardo y va en busca de la descarriada, y al encontrarla, se regocija mucho mas por aquella perdida que fue encontrada, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Es interesante el punto de vista del Señor, pues es muy incisivo en cuanto a dejar claro que Él vino efectivamente a buscar y a “salvar lo que se había perdido”, esto es, a cada uno de nosotros. Maravilloso Dios.
Entendemos que Dios envió a su hijo a nacer entre nosotros, con el objetivo de dar su vida en favor de nosotros, pecadores, que caminábamos sin rumbo, perdidos y alejados de Dios, y que nuestro fin era inevitablemente la muerte eterna, “destituidos de la gloria de Dios” por causa del pecado, pero aparece Jesús en escena, y es nuestro Salvador, que viene a rescatarnos, y nos amó, y se alegró, y se deleita en misericordia. Maravilloso Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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