“8. Jehová, la habitación de tu casa he amado, Y el lugar de la morada de tu gloria.”

Salmo 26:8

En este versículo que leemos hoy, David el salmista, escribe lo que su corazón siente, y dice: “Jehová, la habitación de tu casa he amado”, o sea, David declara que él ama estar en la habitación de Dios, el lugar de su morada, en ese tiempo, el arca del pacto representaba la Presencia de Dios, y el Señor le había dado instrucciones a Moisés acerca de donde debía colocar esa arca en el lugar santísimo del tabernáculo, en cuyo lugar solo podía entrar el sumo sacerdote una vez al año, para pedir perdón por los pecados del pueblo. David, después que recuperó esa arca que los enemigos habían robado, la lleva a su casa, para que la Presencia de Dios estuviera en su casa, además estableció levitas para que adorasen continuamente en su Presencia alrededor del arca.

David amaba la Presencia de Dios, la cual hoy está en medio de nosotros a través de su Espíritu Santo que Jesús prometió enviar para que estuviese con nosotros. Entonces podemos entender que hoy “el lugar de la morada de tu gloria”, como escribió David, está en nuestro corazón, por lo tanto, al igual que David debemos procurar el amar estar en su Presencia, ¿y cómo?, permaneciendo en santidad, pero si no amamos su Presencia, no podremos ser bendecidos, y Dios no podrá manifestar su gloria a través de nosotros. Busquemos el agradar a Dios con nuestra vida, esforcémonos por ser fieles y leales a su Palabra. Seamos portadores de su Presencia.

Pr. Herman Gajardo P.