“7. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”

Isaías 53:7

En este versículo que leemos hoy, el profeta Isaías, nos habla de los sufrimientos que Cristo padecería, y lo relata de tal forma que nos da a entender que él vió a Jesús y describe explícitamente lo que sucedió, como si Dios lo hubiese trasladado en el tiempo. El versículo dice: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca”, y se conmueve nuestro corazón al pensar que la angustia y aflicción de Jesús, fue por nosotros, se puso en nuestro lugar de merecido castigo, y con una tremenda mansedumbre no se quejó, no dijo nada, no abrió su boca, no se defendió, “como cordero fue llevado al matadero”, Jesús sabía que tenía que enfrentar todo eso, pero lo hizo por amor a nosotros, lo hizo para salvarnos de la condenación eterna, que tremendo amor demostró Jesús por mi, y por ti.

Luego, el versículo continúa diciéndonos: “y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”, Jesús soportó cada golpe, cada humillación, cada improperio, aún el abandono de parte de sus propios discípulos, pero Él solo enmudeció, su amor era más grande que cualquier sufrimiento. Jesús es el referente por excelencia para nosotros frente a las incongruencias y problemas que puedan aquejarnos. Él, un día dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” (Mateo 11:29).

Pr. Herman Gajardo P.