“5. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

6. Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.”

Santiago 3:5-6

Cuando se cumplió la promesa de Jesús, de que el Padre enviaría su Espíritu Santo, habían ciento veinte personas reunidas orando en un mismo sentir, y vino como un fuerte viento que estremeció el lugar donde estaban, y vino el Espíritu Santo sobre cada uno de los allí reunidos y la manifestación evidente en ellos fue que comenzaron a hablar en otras lenguas, o sea en otros idiomas, según el Espíritu les daba que hablasen, y esas lenguas eran como de fuego, con ímpetu, con denuedo, con convicción, y esas lenguas o idiomas eran de las diferentes naciones de la tierra, y muchos extranjeros que estaban allí les oyeron hablar las maravillas de Dios en su propio idioma. Con esto entendemos que la frase “lenguas como de fuego” se refiere a la intensidad de sus dichos, lo cual usó Dios para dar a conocer el evangelio de salvación a todos los gentiles, hasta el día de hoy.

Por la misma razón, los versículos que leemos hoy nos enseñan que la lengua es un fuego que puede encender un gran bosque, refiriéndose a lo mal que muchos utilizan su lengua, lanzando maldiciones, improperios, mentiras, engaños, prácticamente un foco de maldad; nuestra lengua puede contaminarnos a nosotros y a todo el cuerpo, a nuestro entorno de vida, incluyendo a la congregación que decimos pertenecer, y el versículo termina diciéndonos que “ella misma es inflamada por el infierno”, o sea es el diablo mismo que toma el control, y nosotros no medimos las consecuencias, por todo esto procuremos usar bien nuestra lengua y que solo hablemos de Dios y de su inmenso amor.

Pr. Herman Gajardo P.