“10. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.
11. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.
12. Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
13. Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.
14. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.”
1 Reyes 17:10-14
Era un tiempo de sequía en la tierra y el profeta Elías, que estaba escondido junto al arroyo de Querib, se preocupó porque el arroyo se secó debido a la sequía, pero Dios lo envía a una ciudad llamada Sarepta, y le dice que una mujer viuda lo alimentará.
Al llegar a Sarepta ve a una mujer que recogía leña y le pide que le traiga un vaso de agua, la mujer va, y Elías la detiene, y le pide además un pan para comer. La mujer le dice que es viuda, que es pobre, y que no tiene pan en casa, y que ahora recogía leña para cocinar, ya que solo le quedaba un poco de harina y un poco de aceite para hacer un pan y comerlo con su hijo y esperar la muerte.
Cualquiera de nosotros lo pensaría dos veces antes de ver a una pobre viuda que no tiene nada y pedirle que lo atienda, pero Elías era portador de una poderosa Palabra del Señor, y le dice a la viuda, tranquila anda y hazme el pan y me lo traes, pues Dios ha dicho que “la harina no escaseará ni el aceite faltará en tu casa, hasta que Él haga llover de nuevo sobre la tierra”... Bendito sea el Señor que hoy nos entrega una promesa de bendición para nuestro hogar, para nuestras vidas, para nuestra incertidumbre, solo debemos creer en sus promesas. Dios es Maravilloso.
Pr. Herman Gajardo P.



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