“1. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Hebreos 11:1

Cuando se habla de fe, cristianos y no cristianos, aducen saber de qué se trata, y todos coinciden en que tenemos poca fe, pues se imaginan que la fe es medible, incluso los discípulos le pidieron al Señor que les aumentara la fe, pero Jesús, cuando habló de la fe, Él dijo: “si tuviereis fe como un grano de mostaza…”, dando a entender con ello que la fe es una acción de creer o no creer, y no se trata de quienes tienen más fe que otros, o que creen más que otros, se trata de creer, pero no en lo que nosotros somos capaces de hacer, pues eso es solo confianza, sino en creer en lo que Dios es capaz de hacer a través de nosotros, pues Él es quien permite que las cosas sucedan, y esto conforme a su voluntad, o sea, si la honra y la gloria sean para Él, y eso Dios lo sabe de antemano, más bien Él conoce la intención de nuestro corazón; Jesús mismo dijo que si dos se pusieren de acuerdo en pedir algo, Dios les respondería.

En el versículo que leemos hoy, la Palabra es muy explícita en determinar qué es la fe, al decir: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera”, si dice la certeza, es porque se refiere a la seguridad absoluta, sin duda alguna de que ese algo sucederá, y además agrega: “la convicción de lo que no se ve”, con esto nos da a entender que la fe es tener la convicción, o sea la plena certeza, “de lo que no se ve”, de lo que es imposible, de lo que es irreal, de lo que naturalmente, o lógicamente no se puede explicar, pero que sí se cumplirá. Si alguno dice no tener fe, la Biblia nos dice: “pídala a Dios”, y obténgala.

Pr. Herman Gajardo P.