“10. No se deleita en la fuerza del caballo, Ni se complace en la agilidad del hombre.
11. Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia.”
Salmo 147:10-11
Muchas veces hemos tenido éxito en lo que nos hemos propuesto hacer, y obviamente son sensaciones de agrado personal por lo logrado, cuando competimos en algo, especialmente los que son deportistas entenderán, que los logros, las victorias, el llegar primero, son satisfacciones que quedan grabadas y guardadas dentro de nosotros, y nos sentimos bien porque nos esforzamos por lograrlo; los músicos también se alegran que esa difícil melodía por fin les salió bien y a todos les gustó. Pero, en estos versículos que leemos hoy, el salmista se encarga de dejarnos por escrito que a Dios no le impresionan nuestros logros, ni tampoco nuestras habilidades, ya sean físicas, mentales ó especiales que podamos tener, y esto es así porque Dios tiene otra perspectiva de las cosas y de los triunfos.
En el versículo 10 leemos: “No se deleita en la fuerza del caballo, Ni se complace en la agilidad del hombre”, o sea, Dios no se agrada con lo que con tanto esfuerzo, estudio y práctica hemos alcanzado, pues su Palabra nos enseña que Él nos hizo más que victoriosos, o sea, su victoria la compartió con nosotros y nos hizo partícipes de su naturaleza, de su manera de ver las cosas, por lo cual, leemos en el versículo 11: “Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia”, el temerle, respetarle, obedecerle, someternos a Él, es lo que a Dios le agrada, y además, esperar en su misericordia, y no en lo que nosotros nos propongamos alcanzar.
Pr. Herman Gajardo P.


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