“3. Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
4. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
5. nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,
6. el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
7. para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.”
Tito 3:3-7
Esta es una Palabra que el Espíritu Santo le revela al apóstol Pablo, quien la deja por escrito en esta carta a Tito. En el versículo 3 nos recuerda de qué tipo de vida vana nos sacó el Señor, en la cual estábamos perdidos en nuestros delitos y pecados, pero Dios tuvo misericordia de nosotros y sin merecer nada nos extendió su mano y nos salvó.
En el versículo 5, encontramos la ratificación de nuestra salvación, a la cual accedimos no por nuestras buenas obras sino por Dios y su gran misericordia, “por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo...” Tremendo. Maravilloso. No hay palabras para explicar su gran amor, derramado en la persona de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien nos amó y asimismo se entregó por nosotros en “ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:2).
Y Jesús nos justificó... solo por su gracia... y nos hizo herederos de la vida eterna... y no solo a algunos sino a todos los que creyeran en Él y aceptaran el sacrificio de amor de Jesús en la cruz del calvario, pagando el rescate y dándonos vida... la misma vida que Él recuperó cuando se levantó de la muerte, y juntamente con Él nos resucitó a nosotros, a los que hemos creído en Él. Anímate tú y decide venir a Jesús.
Pr. Herman Gajardo P.


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