“13. Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.”
Santiago 2:13
En este versículo bíblico que leemos hoy, se nos enseña acerca de la importancia que tiene la misericordia para Dios, y que además, Él quiere que nosotros manifestemos, así como Él es misericordioso; la Biblia nos enseña que su misericordia es eterna, es para siempre, por lo cual, entendemos que en este versículo se nos anima y empuja a ser misericordiosos, pues si no la practicamos, Dios nos juzgará sin misericordia. Muchos pensarán que la justicia es justicia y que no influye la misericordia, pues se juzga en base a que si se transgrede, o no, lo que está establecido, por lo cual se deduce que ningún juez puede pasar por alto la culpabilidad, y debe tácitamente aplicar un veredicto que se apegue a las leyes vigentes, considerando el dolo o la alevosía con que se delinquió.
Todos nosotros somos culpables, pues hemos transgredido los preceptos y mandamientos entregados por Dios para obedecer y cumplir, y es justo que se nos condene por ello, si no hemos cumplido, pero la maravillosa misericordia del Señor nos alcanzó, y Dios mismo nos proveyó un Salvador, el cual cargó sobre Él todos nuestros pecados, y murió en nuestro lugar, dando vida eterna a todo aquel que en Él creyere, y nosotros, los que hemos creído y aceptado el evangelio de Jesucristo, ahora somos sus representantes aquí en la tierra, y su gran misericordia debe activarse en cada uno de nosotros y ser misericordiosos con nuestros prójimos.
El versículo termina diciéndonos: “y la misericordia triunfa sobre el juicio”, Gloria a Dios..!! pues Él nos amó, nos perdonó, y nos salvó, demostrando así que su misericordia triunfó sobre el juicio decretado por Él mismo para nosotros, los pecadores, por lo cual, usted y yo, sin merecerlo, somos portadores de su gracia y de su misericordia, la cual debe ser parte de nuestra forma de ser, de tal manera que seamos cauces de bendición para nuestro entorno. Seamos misericordiosos.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.