“8. Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”
Hebreos 13:8
Que tremendo y poderoso versículo es el que leemos hoy, pues es una declaración que atribuye a nuestro Señor y Salvador Jesucristo la eternidad que le pertenece, Él permanece para siempre, Él es desde antes de la fundación del mundo, Él es el propósito de todo lo que existe, “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16). Jesucristo es el mismo, dice su Palabra, para acentuar que Él no cambia, Él es inmutable, Él es nuestro gran YO SOY, (no es Yo fui, ni tampoco Yo seré) Él Es siempre, Él está siempre vigente, Jesús es el que vino a cambiar los tiempos, antes de Cristo, y después de Cristo, Él se hizo uno de nosotros para cumplir el específico propósito de darnos salvación, y murió para redimirnos del pecado que nos llevaba a la muerte eterna, y al tercer día resucitó, y se levantó de entre los muertos, y vive para siempre.
Jesucristo es el mismo de ayer, el que estaba presente en la creación de todo lo que existe, es el mismo de ayer que visitó a Abraham y a Moisés, el mismo que nació en un pesebre en Belén de Judea, el mismo que predicó el evangelio, el mismo que preparó apóstoles para que nos fundamentaran, y nos guiaran para llegar a conocerle a Él. Jesucristo es el mismo hoy, que nos cobija, nos cubre, nos protege, nos perdona, nos anima, de manera de poder decir: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Jesucristo es el mismo por siempre, Él dijo: “porque yo vivo, vosotros también viviréis”, su Palabra nos enseña que Él fue “hecho sumo sacerdote para siempre” (Hebreos 6:20), y Él mismo le dijo a Juan en la Isla de Patmos: “yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén” (Apocalipsis 1:17-18).
Pr. Herman Gajardo P.


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