“12. Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,

13. habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.

14. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.

15. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.”

1 Timoteo 1:12-15


Podemos no ser los más aptos para cumplir el propósito del Señor, podemos no ser los mejores para que Dios se haya fijado en nosotros, podemos ser ineptos, inapropiados, lo opuesto a lo que se espera de un ministro del evangelio, pero Dios se fijó en nosotros y nos amó, y nos salvó, y Él nos capacita para su obra.


No somos nosotros los que nos preparamos para cumplir el propósito de Dios, es Dios quien cumple su propósito en nosotros, no son nuestras fuerzas, no es nuestra humana sabiduría, no es nuestra capacidad para enfrentar al enemigo y anular sus artimañas, es Dios brillando en nosotros y el enemigo huye de su Presencia.


Solo su gracia abundante tiene la capacidad de transformar nuestra vida, sin fruto y sin futuro, en algo que realmente valga la pena si nos dejamos guiar solo por Él, y continuar con su legado de predicar su evangelio, y dar a conocer las buenas noticias de que Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores... como yo, y como tú...


Pr. Herman Gajardo P.