“14. y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados.
15. Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;
16. y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado.
17. Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.
18. Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?
19. Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.”
Juan 2:14-19
Los ritos religiosos en tiempos de Jesús se habían convertido en un negocio en el Templo mismo, lo cual enojó a Jesús al encontrar allí a “los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados”, estos últimos estaban debido a la inmensa cantidad de extranjeros que venían a ver las fiestas de los judíos, por lo cual construyó (posiblemente con sus propias manos) un azote de cuerdas, y echó fuera del templo a todos los negociantes que allí se encontraban y volcó las mesas que ocupaban, diciendo “no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado”.
Los judíos afectados y no afectados por lo hecho por Jesús, indignados le preguntan el porqué hace esto, y la respuesta de Jesús fue profunda y profética: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré”, al oír eso los judíos le recuerdan que ese tremendo Templo fue construido en 40 años y se ríen y se mofan de Él por dar esa respuesta, pero Jesús hablaba de sí mismo, hablaba de su cuerpo.
Hoy, los que creemos en Jesús y obedecemos sus mandamientos, entendemos que somos su cuerpo, pues Él determinó que nosotros y Él fuéramos uno, y nos constituyó como su Iglesia, y Él sería nuestra cabeza, y con su muerte nos limpió de todo pecado, y nos santificó, para presentarnos ante el Padre como una Iglesia Gloriosa y sin mancha, así que no se trata de un edificio físico, sino de su propio cuerpo, una nueva creación, de la misma manera que Eva fue hecha de una parte de Adán, Dios nos tomó de Jesús cuando su costado fue roto por la lanza de ese Romano y de su herida salió sangre y agua. Maravilloso. Hoy somos su Iglesia amada. Gloria a Dios. Medite en esto.
Pr. Herman Gajardo P.


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