“24. Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?
25. Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?
26. Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.
27. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.”
Mateo 17:24-27
En este párrafo bíblico, leemos cómo Jesús nos enseña con su actuar, acerca de nuestras responsabilidades financieras, pues en la ley judía estaba establecido el pago de dos dracmas por persona, para gastos en el Templo, para lo cual incluso habían personas encargadas de este cobro o recolección monetaria. En este caso le cobran a Pedro este tributo o impuesto, y le preguntan si Jesús iba o no a pagarlo, Pedro les dice que si, pero en la casa Jesús conversa con Pedro y le comenta sobre quienes deben pagar tributos e impuestos, si los hijos o los extraños, a lo que Pedro contesta de inmediato que los extraños, y Jesús agrega que los hijos deberían quedar exentos.
Quizás también este tipo de conversación aún hoy se dé entre nosotros, sobre si es legítimo o necesario pagar impuestos al Templo, sean estos diezmos, ofrendas o primicias, a la congregación que asistimos, sin pensar o analizar los gastos que se generan, y que deben suplirse de alguna manera, considerando que las iglesias subsisten financieramente con los aportes de sus congregantes, pero frente a todos estos planteamientos, Jesús nos da una lección de lealtad y fidelidad al decirle a Pedro: “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti”.
Jesús había enseñado “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”, estableciendo de antemano que debemos cumplir con nuestras obligaciones financieras, sean estas a organismos estatales, o eclesiásticos. Creo que Jesús aclaró muy bien lo relacionado con nuestros derechos como hijos de Dios, pero también de nuestras responsabilidades. Dios les bendiga y sea siempre su sobrenatural sustento.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.