“12. Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
Juan 8:12
En este versículo que leemos hoy, Jesús habla abiertamente de quién es Él, y muestra uno de los atributos que solo puede tener Dios, y lo hace de tal manera, que los oyentes de ese entonces, y nosotros ahora, veamos o miremos a Jesús como quien realmente Él es, pues hemos aprendido que cuando Dios se le presentó a Moisés, y este le preguntó su nombre, Dios le dijo que su nombre era “Yo Soy”, por lo cual a Dios le conocemos como “El gran Yo Soy”, el Sublime, el Omnipotente, el Todopoderoso, y tantos otros nombres que solo le corresponden a Él, y Jesús, en varias oportunidades ocupa el nombre Yo Soy, el cual ningún Judío podía, por respeto, pronunciar, y debido a eso le asignaban otros nombres para referirse a Él, como el Shadai, Elohim, Adonay, y otros, pero Jesús abiertamente dijo: Yo Soy el buen pastor, Yo Soy el camino, la verdad y la vida, Yo Soy el pan de vida, Yo soy la puerta, etc., etc.
En esta ocasión, Jesús se presenta diciendo “Yo Soy la luz del mundo”, y eso es un atributo totalmente divino, que encontramos en Génesis 1:3-4, cuando enseña acerca de lo creado el primer día, y dice: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas”, y ahora, Jesús revela que Él es la luz del mundo, lo primero que creó Dios, pues esto ocurre el primer día de la creación. Tremenda revelación. Y luego Jesús agrega: “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, si se fijan también menciona a las tinieblas, las que Dios en el principio dijo separar de la luz, o sea lo opuesto a la luz son las tinieblas, además Jesús agrega que el que le sigue tendrá “la luz de la vida”. Maravilloso Jesús. Como no seguirle, como no oir su voz, como no dejarse cobijar por Él, y andar siempre en su luz admirable.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.