CALENDARIO DE ADVIENTO (Día 18)
EL SIGNIFICADO TEOLÓGICO DE LA ENCARNACIÓN (6 de 6)
JESÚS EL LIBERTADOR
“14. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,
15. y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.”
Hebreos 2:14-15
En estos versículos, el autor de la carta a los Hebreos, explica el porqué a Jesús le era necesario ser uno de nosotros, pues al ser partícipe de nuestra naturaleza Él pudo morir en nuestro lugar, destruyendo el poder de la muerte y liberándonos del miedo que ella ejercía.
En el versículo 14, leemos con claridad la explicación de que “los hijos participaron de de carne y sangre”, o sea, eran seres humanos, pero Dios es Espíritu, y no tenía un cuerpo el nuestro, pero como Él mismo nos diseñó y nos dió vida, Él también tenía el poder de hacerse como uno de nosotros, de carne y sangre, y lo hizo, con el único propósito de que como un hombre, él pudiese destruir “por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte”, esto es, al diablo. En otras palabras, Jesús con su sacrificio, lo destruyó con su muerte, porque Él era el autor de la vida, y Él tenía toda potestad en si mismo para “poner su vida, y volverla a tomar” (Juan 10:18), por lo tanto, todo lo que sucedió era parte de un plan elaborado en el cielo, al principio de la eternidad, antes de que todo lo que existe, fuera hecho (1 Pedro 1:20).
En el versículo 15 podemos leer el propósito de su inmolación: “librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”, o sea Jesús vino a liberarnos de la oscuridad y del miedo a la muerte, porque Él es la vida, para Él la muerte no existe. Es como la oscuridad que solo es ausencia de luz, la muerte es ausencia de vida, y si Jesús es la vida, entonces en Él estoy seguro pues vivo y viviré por toda la eternidad.
Pr. Herman Gajardo P.


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