“5. y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

6. y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

7. He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

8. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”

Apocalipsis 1:5-8

Sin duda alguna Jesús demostró su gran amor para con nosotros al morir en esa cruz, y resucitar de entre los muertos, pero eso no es todo, pues también “nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre”, también sabemos que Dios “le exaltó hasta lo sumo y le dió un nombre que es sobre todo nombre”, por lo tanto, Jesús tiene una tremenda importancia para el Padre y para nosotros, y se merece toda la honra y toda la gloria por toda la eternidad.

El versículo 7 hace mención a que, como Rey, “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”, aquí se nos dice que Jesús volverá, y todos verán su regreso, incluyendo a quienes le mataron, sin darse cuenta que Él era el hijo de Dios, como lo reconoció ese soldado Romano al pie de la Cruz, y agrega que harán lamentación por Él, pues recién se darán cuenta del error que cometieron de no reconocerle como el Mesías prometido.

En el versículo 8 leemos una gloriosa y poderosa declaración, que siempre debemos tener presente y nunca debemos olvidar: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”, Tremendo, Maravilloso, Único, el que lo llena todo en todo, el que sustenta nuestra vida, el que nos dió de su vida, el que en breve viene por nosotros, su pueblo, su Iglesia, sus redimidos, los que hemos creído en Él y obedecemos su Palabra.

Pr. Herman Gajardo P.