“24. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano.”
Salmo 37:24
Siempre hemos creído que Dios nos sostiene, que Él sustenta nuestra vida, que Dios es nuestro sustentador, y eso está bien, pero el versículo que leemos hoy, nos habla que Él es nuestro sostenedor, nuestro soporte, nuestro apoyo, y al leerlo una y otra vez, nos damos cuenta que Dios siempre está pendiente de nosotros, que nos cuida de día y de noche, que nunca nos deja solos. El versículo dice, en su primera parte: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado”, Dios conoce nuestras limitaciones, Dios sabe de qué somos capaces y de qué no lo somos, Él observa nuestro caminar, y Él sabe cuándo podemos fallar, cuándo podemos caer, cuánto podemos soportar y cuánto podemos aguantar, cuánta paciencia tenemos y cuánto empeño ponemos, si lo que hacemos es correcto o no lo es, si lo que hacemos es sincero o no lo es. Y como Dios nos conoce, el versículo nos dice que si caemos… no quedaremos en el suelo.
Aquí podemos notar que Dios espera que pongamos nuestra confianza en Él, y no en lo que nosotros somos capaces de hacer usando nuestra resiliencia, nuestro optimismo, o nuestra “altura de miras”, objetividad, o asertividad, por eso el versículo termina diciéndonos: “Porque Jehová sostiene su mano”, o sea, es Dios el que nos saca del “lodo cenagoso” (Salmo 40:2), es Dios el que tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). El apóstol Pablo escribe, en una de sus cartas, lo siguiente: “para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos (2 Corintios 4:7-10), Dios es quien nos sostiene.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.