“ 1. ¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! Muchos son los que se levantan contra mí.
2. Muchos son los que dicen de mí: No hay para él salvación en Dios.
3. Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
4. Con mi voz clamé a Jehová, Y él me respondió desde su monte santo.
5. Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba.”
Salmo 3:1-5
Este Salmo lo escribió David, después de huir de su hijo Absalón cuando éste se levantó contra él y le usurpa el trono. Quizás muchos de nosotros al estar en situaciones tan adversas, y además con peligro de nuestra vida, no reaccionaríamos de la manera que lo hizo David.
David sabía bien en quien había puesto su confianza y su esperanza, y no tenía la menor duda que Dios estaba al tanto de cada circunstancia que experimentaba, y en cada una de ellas Dios era glorificado. David siempre reconoció al Señor como el que tenía todo bajo su control y su mano poderosa lo guardaría de todo mal.
En los versículos leídos podemos ver plasmado el afecto que tenía David por el Señor, al mencionar que, aunque se levantasen los adversarios en su contra, mofándose, poniendo en ridículo sus creencias, él sabía que Jehová era su escudo, su protección, su gloria, y agrega: “y el que levanta mi cabeza..!!”. David podría estar muy mal anímicamente, al igual que nosotros podemos sufrir situaciones adversas, pero tenemos un referente en David, que supo poner su confianza en el Señor y salió victorioso, dejándonos un ejemplo de vida a imitar.
Solo alguien como David, que a pesar de lo que estaba atravesando, aún con su propio hijo, escribe lo siguiente: “Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba”. Tremendo ejemplo de confianza en el Señor..!!. El mismo Dios de David es hoy nuestro Dios, Él es quien nos sustenta.
Pr. Herman Gajardo P.


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