“1. Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; He confiado asimismo en Jehová sin titubear.”

Salmo 26:1

Una de las características de David, y que Dios consideró, fue la intención de su corazón de agradar al Señor. David sabía que Dios estaba atento a  sus pasos, por lo cual, el énfasis que pone al escribir este salmo, es precisamente su rectitud o probidad con la cual se presenta delante del Señor. El versículo que leemos hoy comienza diciendo: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado”, la actitud de David, de cara al Señor, es en apariencia un tanto soberbia, o quizás irrespetuosa, como reclamándole a Dios que considere su actuar. Es como cuando nosotros nos justificamos delante del Señor porque nos hemos portado bien, y no hemos hecho nada malo, olvidándonos que somos pecadores por naturaleza, indignos de pararnos frente a Dios, pero David sabía que Dios es misericordioso y que también considera nuestro esfuerzo.

En la segunda parte del versículo agrega: “He confiado asimismo en Jehová sin titubear”, o sea, he confiado en el Señor y en sus promesas de bendición, sin dudar que Él me ayudará, sin olvidar nunca que a Dios le agrada que andemos en integridad, sin dobles intenciones, sinceros, aprobados, pero, oh Dios necesito ser juzgado por ti, no por los que me rodean, no por mi familia, no por mis jefaturas, oh Dios necesito tu aprobación, necesito tener la certeza que estoy cumpliendo tu voluntad, necesito saber que podré cumplir tu propósito en mi vida, y si algo no he hecho bien házmelo saber, para desechar todo lo que en mi no te agrada y no te sirve, júzgame oh Jehová, quiero ser agradable ante tus ojos.

Pr. Herman Gajardo P.