“6. el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía.”

Tito 1:6

Quienes ocupen cargos ministeriales en la iglesia deben ser personas “irreprensibles”. Esta palabra, según el diccionario, se refiere a quien no necesita ser corregido, o sea se trata de una persona intachable, que no amerita un reproche, que su probidad ha sido probada y comprobada, en cuanto a moralidad, integridad y honradez en sus acciones. Y esto es lo que enfatiza el apóstol Pablo en su carta a Tito, en el versículo que leemos hoy, donde especifica las cualidades que debían cumplir los ancianos que se encargarían de la enseñanza bíblica en la iglesia de Creta. Además, el apóstol aclara que tales personas debían ser maridos de una sola mujer, y esto es un mandato que perdura hasta hoy, en que los que tienen algún cargo eclesiástico también deben cumplir, y sin peros o excusas para que puedan demostrar con sus hechos lo que la Palabra enseña. Si alguno insiste en hacer lo contrario, el tal debe ser corregido, pues ha dejado de ser irreprensible, y no es apto para el ministerio.

Además, el versículo también dice que “tenga hijos creyentes”, o sea su familia, sus hijos deben ser seguidores de Cristo, con esto se asume que la responsabilidad del servicio al Señor no es solo personal, sino también de su familia, la cual es de su incumbencia, y tiene la obligación de que sean personas competentes. También el versículo agrega que los hijos “no estén acusados de disolución ni de rebeldía”, con la palabra disolución se refiere a embriagarse con vino, y especifica que no deben ser rebeldes, impetuosos, desobedientes. En otras palabras, el ser un representante de Dios acá en la tierra involucra nuestra integridad, de manera de ser guiados por el Señor para nuestro desempeño, pues solo obedeciendo y cumpliendo su voluntad seremos considerados irreprensibles.

Pr. Herman Gajardo P.